Postales de Andalucía. Utrera.

Como ya os hemos comentado a través de un evento en nuestro muro de facebook, esta semana tenemos la visita a la localidad de Utrera en la festividad de la Virgen de la Consolación. Por tal motivo, hemos preparado este post histórico sobre la leyenda de la Virgen en la localidad.

Cuentan las viejas crónicas que hacia 1507 la imagen de la patrona de Utrera, la Virgen de la Consolación, se encontraba en poder de unas beatas en Sevilla. Pero una epidemia de peste acabó con casi todas las mujeres, sólo sobreviviendo una, que se trajo la imagen a Utrera, donde residía su hija, Mariana Ruiz. Ésta heredó la efigie, teniendo que cederla a las emparedadas de La Antigua, que la dejó de lado. Por ese tiempo, el utrerano Antonio de la Barreda, a imitación de San Pablo, primer ermitaño, buscaba un lugar con pozo y una palma donde retirarse, encontrándolo donde actualmente está el santuario. Levantó una ermita con el nombre de ‘Nuestra Señora de Consolación’, situando en el altar un lienzo de la Anunciación. A Barreda le sucederían otros monjes, por lo que la ermita llegó a recibir el nombre de ‘la ermita de los monjes’. Con el paso de los años, y para solventar la pobreza del convento, uno de los monjes rogó a La Antigua que le cediera alguna de sus imágenes,

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De este modo pasó al cuidado de los monjes en 1557, fecha en la que la ermita fue ocupada por los padres del Carmen, pero éstos terminaron por abandonarla al poco tiempo. La ermita fue objeto de todo tipo de pillaje, pero una devota de la Virgen, Beatriz Álvarez, acudió al lugar encontrándose con la imagen en muy mal estado. Ante el miedo de que pudiera ser estropeada, se la llevó a su casa, hasta que un ermitaño portugués, Antonio de Santa María, llegó a la ermita y la imagen retornó a ella en procesión. Cuentan que un día de 1558 el ermitaño salió como siempre a pedir limosna para la Virgen, pero no pudo conseguir nada, por lo que su desconsuelo fue enorme, más aun porque era una noche de tormenta y se acababa el aceite de la lampara que iluminaba a la Virgen. Pero no sólo no se apagó, sino que toda la noche la lámpara permaneció llena.

El ermitaño dio parte al clero de este acontecimiento, ya que tras varios días la lámpara seguía encendida, y además el rostro moreno y deslucido de la Virgen había pasado a estar resplandeciente. Ante el crecimiento de la devoción por la Virgen, el clero decidió hacerse cargo de la ermita, nombrando al ermitaño tesorero y sacristán. Después de este suceso, las caravanas de devotos y romeros empezaron a llegar sin tregua ni descanso a los pies de la imagen de María en peregrinación. La calle de la Huerta se llamó en adelante calle de Nuestra Señora y al sendero entre olivares que llegaba hasta la ermita empezó a conocerse como El Tránsito.

Los padres del Carmen intentaron recuperar su tutela, pero el clero se la otorgó a los Padres Mínimos, que construyeron una iglesia y un convento. Con el tiempo se le iban atribuyendo más milagros y ejemplo de ello son los cuadros que se encuentran actualmente en la sacristía. A principios del siglo XVII, el santuario y el convento estaban casi terminados, por lo que los mínimos decidieron tapiar el recinto de El Real, con su aislamiento y sus puertas para entrada y salida de los devotos, romeros y peregrinos que de forma continua rendían gratitudes y pesares a la Virgen de Consolación. Es en este Real donde empezaron a congregarse los puestos en los que se vendían todo tipo de objetos relacionados con la devoción de la Virgen, y unido al gran número de peregrinos que allí se reunían, poco a poco dieron lugar a lo que con los años se convertiría en la Feria de Utrera

Alejándonos de la leyenda, el templo formó parte de un convento de frailes mínimos, fundado a finales del siglo XVI, si bien la iglesia actual es obra del siglo XVII de forma mayoritaria, concluyendo su creación en 1714. Aun así, su interior presenta una impronta neomudéjar, principalmente su artesonado, que fue una iniciativa de la familia Cuadra que quiso darle una aire islámico, incluso con epigrafía de carácter cúfico exaltando a Alá y al profeta Mahoma. Esta decoración se completa con murales de arabescos, dientes de sierra, zócalos de azulejería de cuerda seca con labor de lazo y lacerías, e incluso con motivos efímeros arquitectónicos en carpintería calada y decorada a partir de arcos de herradura, apuntados polilobulados que enmarcan los vanos. Paradójicamente, esta decoración musulmana convive con inscripciones de temática cristiana y mariana. La iglesia conventual de la que hoy disfrutamos tiene una planta de cruz latina en una sola nave de enormes proporciones, en total aproximadamente unos 72 x 12 metros. La portada fue realizada en 1636 por Alonso Álvarez de Albarrán, y se caracteriza por una cargazón de elementos manieristas hacia el protobarroco. Está construida en piedra con incrustaciones de mármol gris y blanco que, junto con la riqueza policroma de los azulejos, adquiere una nota de color.

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*Fuentes. Utrera digital, fotos cofrades y google.

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